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¿Es bueno para ser feliz tener un pensamiento crítico que cuestione todo como lo hace la filosofía?

La respuesta es no. El pensamiento crítico siempre ha sido una aptitud que ha hecho meditar, demasiado en las cuestiones de nuestra vida.   Ante esto tenemos dos tendencias claras y evidentes:   -           Pensar o, -           No pensar   Si pensamos, nuestras preocupaciones serán mayores puesto que tendremos más conocimiento sobre los temas a tratar y, por ello, tendremos más cuestiones que resolver. Por esto mismo, seremos más infelices porque nos preocuparemos en resolver los problemas pero, a la vez, seremos más libres porque tendremos un ángulo más amplio para solventar las adversidades y solucionarlas con mayor celeridad y objetividad, no sólo en un ámbito sino en todos.   Si optamos por la segunda premisa, es decir, el no pensar, todo nos será mucho más fácil de llevar pero nunca tendremos una noción coherente de la realidad. Estaremos dirigidos por lo que nos digan los demás. No tendremos una base crítica sobre la que apoyarnos y no sabremos enfrentarnos con div

COVID-19 Actuación del gobierno central, comunidades autónomas y partidos políticos.

Poco hemos aprendido de las situaciones de emergencia vividas a lo largo de la historia .      Hemos presenciado actos lamentables, tanto por parte de presidentes de países que han tomado una postura negacionista y que por avatares del destino han caído ante la pandemia, como parte de la población del país que dirigen (obviando los consejos sanitarios que se han dado para evitar contagios).     En el caso de España, esta situación ha dejado entrever la desunión que existe entre todos nosotros y los intereses partidistas que priman sobre cualquier aspecto. Es importante que nos sintamos plenamente identificados a nuestro país, asumiendo lo que conlleva (no necesariamente hay que estar de acuerdo con las decisiones que se tomen pero sí acatarlas, asumirlas, apoyarlas y, si fuese el caso, rebatirlas democrática y pacíficamente). No ha sido nuestro caso.      Es difícil gobernar un país sometido a dictámenes que provienen de la Unión Europea que marca el 70% de las decisione